El emprendedor y la iniciativa emprendedora necesitan una oportunidad
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iniciativa emprendedora

El emprendedor y la iniciativa emprendedora no son nada sin una oportunidad e idea de negocio

El crecimiento económico y el empleo de un país dependen de sus empresas y, por tanto, en última instancia, de los emprendedores que las crean. Ellos son básicos para la economía y el bienestar de un país; ya que, no sólo dan trabajo y riqueza, sino que con su iniciativa y esfuerzo satisfacen de forma cada vez mejor las necesidades, crecientes, de una sociedad desarrollada.

Empresarios ha habido siempre; lo que ha cambiado es cómo los considera la sociedad española. Donde no hace tanto se tenía de ellos un concepto peyorativo, cargado de prejuicios, ahora se trata de promover la actividad empresarial por todos los medios, tanto patrocinando la instalación de nuevas empresas como pretendiendo fomentar el espíritu emprendedor. El objetivo es claro: desarrollar iniciativas emprendedoras; aunque ésta no es una actividad fácil.

La iniciativa emprendedora surge con la identificación de una posible oportunidad y la forma de explotarla, esto es, la idea de negocio. Ambos son conceptos nucleares en el proceso emprendedor. Comprender la relación entre oportunidad e idea de negocio y la diferencia entre ambas no es una cuestión baladí.

Es muy común que el emprendedor inicie su andadura con su idea de negocio, olvidándose por completo de que tendría que haberse preocupado primero de si dicha idea está basada en una oportunidad de negocio. La idea en sí misma no es lo importante, diariamente surgen cientos de ideas de negocio, pero es obvio que no se desarrollan tantos negocios como ideas surgen, probablemente porque no responden a ninguna oportunidad real.

Así, cuando, tras explicar su idea de negocio se le plantean al emprendedor cuestiones relativas a la oportunidad, como por ejemplo: ¿existen evidencias reales de la necesidad que trata de satisfacer?, ¿cuál es el tamaño del mercado?, ¿cuáles son los futuros compradores del producto o servicio?, ¿cómo es la competencia?, etc., no es raro que la idea deje de ser tan atractiva como se planteaba inicialmente.

Es muy común que el emprendedor inicie su andadura con su idea de negocio, olvidándose por completo de que tendría que haberse preocupado primero de si dicha idea está basada en una oportunidad de negocio.

Por tanto, es importante tener claro que las ideas de negocio deben estar basadas en una oportunidad de negocio. La idea es necesaria para emprender, pero por sí misma no basta; ya que no deja de ser una simple conceptualización o visión de un posible negocio por parte del emprendedor; por tanto, puede que no represente una oportunidad empresarial. Este punto es crítico en el proceso emprendedor.

Muchas iniciativas fracasan porque los emprendedores no trabajaron lo suficiente en la identificación y evaluación de la oportunidad y, en consecuencia, iniciaron negocios donde no había una oportunidad empresarial real.

Ahora bien, una relación que en principio se presenta como lineal, primero tiene que existir una oportunidad de negocio y sobre ella se desarrolla una idea de negocio (o varias) con la que explotarla; no siempre es tan simple y directa.

En ocasiones, la oportunidad de negocio no está en el entorno esperando a ser identificada, sino que es creada por la acción innovadora del emprendedor. Hay casos en los que la introducción de un nuevo producto o proceso para el mercado, genera una necesidad hasta ese momento desconocida para en el consumidor. Un ejemplo evidente es la introducción del teléfono móvil, en particular, los smartphones y uno de los empresarios por excelencia que ha sabido generar nuevas necesidades en el consumidor es Steve Jobs.

La actividad innovadora de Steve Jobs ha permitido a Apple crear oportunidades de negocio que otros no habían podido identificar porque no respondían a necesidades existentes en el momento, sino que eran latentes. Por tanto, las oportunidades de negocio no sólo están ahí sino que pueden ser creadas por el emprendedor a través de la innovación.

Lo relevante, en cualquier caso, no debería ser saber qué surge antes, sino tener claro que una idea sin oportunidad de negocio no puede ser considerada una idea de negocio. Por ello, si es la idea de negocio la que se plantea en primer lugar, corresponde comprobar si está basada en una oportunidad de negocio real y atractiva.

Alicia Rodríguez Márquez
armarque@ing.uc3m.es

Subdirectora del Máster Universitario en Iniciativa Emprendedora y Creación de Empresas de la Universidad Carlos III de Madrid.

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